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Sugoi de Baltzola PDF Print E-mail
miércoles, 02 mayo 2007
Érase una vez dos hermanos que vivían en Dima. El mayor, Unai era un hombre serio y cabal y le gustaba meditar profundamente las decisiones que tomaba. Sin embargo el mas joven, Gorka, era totalmente distinto, impulsivo y de reacciones rápidas.
Una mañana que el sol resplandecía con sus mejores rayos los dos hermanos fueron a dar un paseo por los alrededores de la cueva de Baltzola. Gorka, al ver la boca de aquella hermosa caverna le dijo señalándola con la mano:
-         ¿Sabes, Unai? Dentro de esa cueva viven las lamias que se ocupan de cuidar un valioso tesoro.  
-         Talvez si y talvez no, pero será mejor dejar las cosas como están.- Le respondió Unai.
El joven hermano se mofó de esa respuesta.
-         ¡Ja, ja! ¡No me digas que tienes miedo!
-         Solamente te digo que no conviene andar inmiscuyéndose en esos misterios.
Gorka se fue acercando a la entrada de la cueva.
-         Venga, venga…anímate…echaremos u pequeño vistazo. Si es cierto que hay un tesoro lo repartiremos entre los dos.
El joven se dirigía a entrar en la cueva cuando en la entrada vio a una gran culebra. Parecía dormida.
-         ¡Ah! Este será el guardián de la cueva. Ya verás que rápido lo quito de en medio.
Y sin que a Unai le diera tiempo a reaccionar, Gorka le lanzó una enorme piedra a la culebra, cortándole la cola.
-         ¡Gorka! ¡Eso que has hecho es una crueldad!- le gritó Unai – la culebra estaba tranquilamente durmiendo al sol y este era su cobijo. No seas tan salvaje y vamos a casa.
Pasaron los años. Unai tuvo que marchar lejos en busca de una vida más digna y de un mejor trabajo. Pero añoraba mucho su casa, su familia y sus tierras.
Un día, cuando la nostalgia se apoderó de el profundamente, apareció un hombre cojo muy bien vestido, le agarro del brazo y en un momento le llevó delante de la cueva de Baltzola.
Unai quedó totalmente asombrado cuando aquel hombre le dijo:
-         Unai, estas de nuevo en tu casa, y para que tengas que volver a marcharte coge esta caja llena de oro para ti y este cinturón para tu hermano.
Y dicho esto el misterioso hombre desapareció.
Unai se apresuró en busca de su hermano a contarle lo ocurrido. Gorka se quedo mirando el cinturón.
-         ¿Y dices que a ese hombre le faltaba una pierna?
-         Pues si y ahora que me acuerdo no usaba ningún bastón ni apoyo.
Entonces, el joven cogió el cinturón y lo ató a un nogal. El árbol comenzó a arder en seguida hasta que solo quedaron cenizas. Los dos hermanos se miraron y se dieron cuenta claramente que aquel hombre cojo y la culebra a la que Gorka seccionó la cola eran uno: la gran culebra de Baltzola, Sugoi.
 
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